El buen chico

nino_caracola

Ya una vez dentro del camino al despertar, ocurre que en ocasiones confundimos el proceso de perdonar que necesariamente ha de ocurrir en nuestra mente, con un comportamiento o conducta que creemos adecuada a nuestro proceso de transformación personal. Un Curso de Milagros lo denomina confusión de niveles, y nos muestra como nuestra atención está centrada en el nivel de la forma o efecto para tratar de corregir nuestros errores de percepción en lugar de la causa o sistema de pensamiento que es donde realmente se origina el error y donde únicamente puede ser corregido.

En la vida, sucede entonces que nos dedicamos a ayudar a construir un mundo mejor, de ser más tolerantes, más compasivos, más bondadosos, y de mostrar al mundo una imagen de serenidad y de paz que guarde coherencia con el propósito de despertar a una mentalidad de paz total en mi interior.

Visto así, no parece que nada de esto pueda causar perjuicio alguno a nadie, sin embargo, hay un matiz importante que conviene destacar para diferenciar entre una idea de paz interpretada y la manifestación de la paz como consecuencia de una transformación profunda y sentida de nuestra mentalidad o sistema de pensamiento.

En nuestro camino al despertar hay que reconocer una resistencia muy presente en la mente del aprendiz, el miedo a sentir, una idea profunda, anclada en nuestro subconsciente que trata de evitar nuestra mirada interior, fundamental en nuestro proceso de sanación y liberación de dolor. Si el motor de nuestro comportamiento es el miedo a sentir o el vértigo que me produce mirar hacia dentro como si de una gran altura se tratase, entonces mi comportamiento no es más que una huida muy sofisticada de mi propia e inevitable, en cualquier caso, cita con la Verdad, y esto no es más que seguir anclado al sufrimiento, pues antes o después comprobaremos que nuestros esfuerzos por ser mejores, por apoyar al mundo a mejorar, no son más que un disfraz de persona especial, diseñado para no recordar quien soy.

La prioridad no es otra que ocuparnos de nosotros mismos atendiendo nuestro sentir, sin necesidad de hacer o ser nada en especial, pues la propia vida ya nos pone delante de las personas, escenarios y circunstancias apropiadas para hacer lo único que es preciso hacer, perdonar.

Para poder perdonar honestamente, hay que aceptar el sentir que surge de cualquier experiencia que vivimos, y no rechazarlo con conductas o comportamientos que traten de evitarlo o ahogarlo hasta una nueva situación que lo haga emerger con más fuerza a nuestra mente consciente.

Una mente aquietada, relajada y en paz, es una mente receptiva a los mensajes del Espíritu, que es el Maestro capaz de corregir nuestro enfoque errado. Sólo puedo estar receptivo al Espíritu, si miro cara a cara lo que siento, sólo permaneceré en calma si atiendo mi herida, si libero el dolor.

Muchos han intentado cambiar el mundo, desde su propia herida, para evitar el sufrimiento que ellos aún sienten, y fracasaron, no creas que tu serás más especial que ellos, sólo la confianza en el proceso tal cual se da, como una manifestación de la presencia del Espíritu Santo, si así lo elegimos, tendrá éxito y nada más.

vicen – Caminando al Despertar