¿En dónde mora el silencio?

 

nueva-profundidad

 

Puede ser que haya personas que su voluntad de entregar sus juicios o desprenderse de ellos en favor de la Mente Correctora sea tan potente que baste con una decisión consciente para llevar a cabo dicha acción.

En mi experiencia y en la mayoría de las personas con quienes comparto sus experiencias sobre el perdón no está siendo así.

Lo que puede estar ocurriendo en algunos procesos de perdón, es que el ego se está apropiando del proceso de tal forma que no se produzcan cambios de percepción sino más bien infructuosos intentos de ver las cosas de otra manera que finalmente llevan a la decepción y la condena de un sistema de pensamiento (no dualidad pura), que me hace sentir peor de lo que me sentía antes de practicarlo.

Si ese fuera el caso, podemos preguntarnos, las típicas cuestiones, ¿Qué estoy haciendo mal?, ¿Por qué no se resuelve este conflicto, sino paro de entregárselo al Espíritu Santo? o yo creí que tenía esto ya resuelto pero veo que se me repite una y otra vez.

El perdón es un entrenamiento mental, que conlleva el aprendizaje de unas pautas o hábitos absolutamente necesarios, como el reconocimiento honesto del sentir, la responsabilidad de ese sentir como algo proyectado por la mente propia y la humildad de asumir el error en nuestra forma de percibir, esto es un entrenamiento que necesitamos repetir tanto como sea posible, sobretodo porque estamos acostumbrados y programados a ir justo en dirección opuesta a estas pautas o hábitos.

No obstante aún hay algo más que surge de forma natural como consecuencia de la práctica, una creciente voluntad de percibir de otra manera, que facilita poco a poco el ir adentrándonos en un espacio devocional, de ausencia de razones, juicios y miedo, un espacio de silencio, pero no de soledad ni separación, sino más bien de pertenencia y de sentirnos acompañados por la presencia del Maestro que nos guía y conduce al recuerdo de nuestra verdadera identidad.

¿Cómo podemos exigir cambios significativos en nuestro pensar desde la superficie de nuestro sistema de pensamiento?. Allí no hay nadie. Sólo el ego, para engañarnos si así lo deseamos. El Maestro corrector, siempre está presente, pero nuestra conciencia de su presencia sólo es posible para muchos de nosotros en un espacio interno de profundidad en la mente y de silencio y quietud.

Vicen / caminandoaldespertar