La atracción por Dios

LA ATRACCIÓN DE DIOS

 

Nada es comparable a la Atracción por Dios.

No compite con ninguna otra atracción que nos hayamos fabricado, no lo necesita, su seguridad no está basada en su supremacía, sino en la unicidad de su existencia.

Ciertamente, experimentamos atracción por el miedo en cualquiera de sus aspectos, ya sea preocupación, ira, tristeza y sobretodo culpabilidad. Y de otro lado, lo que supuestamente llamamos amor y por tanto la atracción del “amor” es otra forma de miedo encubierta, un amor exclusivo y separado, un amor especial, que necesita del envoltorio atrayente para justificar lo que esconde detrás de él, que no es otra cosa que la culpa.

La atracción por Dios tiene un desenlace tan seguro como paciente, no fuerza su naturalidad en nosotros, pues de lo contrario esto la desvirtuaría y pondría en evidencia una ausencia de certidumbre, equiparándola a cualquier otra atracción y por tanto convirtiéndola en algo falso.

La atracción por Dios es total y segura. Todo un aprendizaje para nosotros, ubicados tan a menudo mentalmente en la inseguridad propia de quienes no tenemos fe en quienes realmente somos, por miedo a perder algo que en verdad no somos ni tiene que ver nada con nuestra Identidad real.

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