Exponerse

SALTO 2

 

Conocer la teoría es útil, nos informa de que el mundo es ilusorio, que la persona que creo ser con un cuerpo y unas ideas que me definen son falsas y por tanto que todo es un sueño de la mente irreal pero que se experimenta como si fuera real. Sin embargo usar la teoría en este sentido ingeniosa e inconscientemente para ocultar el sistema de pensamiento del ego es una forma de perdonar falsamente. Las palabras que usamos aún siendo ciertas y bellas en su expresión pueden servir de perfecto velo al ego para ocultar su verdadera intención tras ellas. Al ego no le inquieta lo más mínimo todas las palabras de invocación a Dios o al Amor siempre que su propósito permanezca oculto y no haya la más mínima intención de que sea expuesto para poder reconocerlo e identificarlo.

Por muy buenas que sean nuestras intenciones conscientemente acerca de perdonar, lo cierto es que el perdón requiere previamente una identificación de lo oculto, la idea o creencia que es causa del conflicto a perdonar.

Esto requiere una dosis de honestidad y confianza, y apoyarme en Jesús o el E.S. para transitar ese espacio de comunicación sincera desprovista de juicio o ataque.

Ciertamente al comunicarme con mi hermano con sinceridad “corro el riesgo” de “perder” algo, que si bien es efímero o ilusorio, yo le he dado valor porque da consistencia a lo que creo de mi en relación al mundo y a los demás, por tanto la idea que me he contado acerca de mi mismo puede ser deshecha al ser conocida y puesta en evidencia. Para ello he de romper el miedo al rechazo de mi hermano que de esta manera se convierte en mi salvador, pues al romper el muro del miedo que me separaba de él, permito que el E.S. interprete por medio del perdón la situación como en verdad es y no como yo la percibía. Veamos esto más despacio.

Sostenemos relaciones de todo tipo, ya sean comerciales, laborales, amistosas, familiares y de pareja porque las hemos puesto en valor en relación a algo que creemos necesitar de ellas y que no tenemos por nosotros mismos, que carecemos de eso que parece ofrecerme la relación. La amabilidad que persigue otros fines como por ejemplo mantener una alianza en función de obtener unos objetivos, esconde un odio feroz por el otro, en la medida que siempre me ofrece una oportunidad de aliviar mi culpabilidad por medio de la proyección en los otros. Mientras no tome responsabilidad por mis emociones, que son la llamada a mirar y observar, el juego es permanente, adictivo y circular. Todo el mundo busca la seguridad a costa del otro, la seguridad de que gracias a ti, mi inocencia está más cerca porque tú eres peor, hay algo en ti irremediablemente peor que en mí, si es que hubiera acaso algo en mí que fuera censurable. Sin embargo el tiempo pasa y una diminuta idea casi imperceptible asoma a la conciencia como consecuencia del hartazgo propio de la repetición de los mismos hechos una y otra vez, ¿ Y cómo es posible siendo yo un perdonador de tanto tiempo atrás que aún en este asunto tan recurrente lo sienta en el mismo lugar que años atrás?, también vale esta variable que dice que “me están ocurriendo las mismas sensaciones y emociones que en otras ocasiones aunque las personas son diferentes o los escenarios o contextos son diferentes, da igual todo vuelve a parecerse a lo de siempre y cada vez es peor”. Este es un cuestionamiento interesante porque representa una grieta en el modo de operar de la mente que es donde ciertamente se puede buscar el cambio y no en otro lugar.

En mi indefensión radica mi seguridad, ese es el pensamiento que nos brinda Jesús en el curso, y me viene una pregunta, ¿En mi relación de conflicto del tipo que sea, me siento atacado? Y la respuesta será sí. ¿Y cuando esto lo siento así, me defiendo? Y si he llegado a la conclusión de que aún siento conflicto después de tantos años perdonando como decíamos antes, entonces la respuesta no puede ser otra que sí. ¿Pero cómo lo hago, como me defiendo si lo pongo en manos de Jesús, no entiendo?. Entonces estas preguntas que te planteo a continuación quizás te sirvan para darte respuestas si así lo crees.

¿Cómo podrías vivir la indefensión de la que habla Jesús en el curso, de no ser que no reconocieras el valor negativo que le das a mostrarte vulnerable ante el otro?, ¿Cómo podrías perdonar para descansar en Dios si es precisamente la idea de descansar en Él, la que te aterra? ¿Pues de quien huyes sino de Dios, cuando no te atreves a compartir tu vulnerabilidad a tu hermano para que el E.S. pueda ofrecerte el milagro de una percepción de invulnerabilidad?. ¿Tan peligroso es tu hermano para ti que no puedes ofrecerle ni un solo ápice de sinceridad? ¿Cómo puedes valorar de peligroso a tu hermano y al mismo tiempo invocar a Dios? Por la teoría ya sabes que tú y tu hermano sois lo mismo. Por la teoría sabes que eres el Hijo de Dios, al igual que tu hermano, pues sois aspectos de la misma Mente, creada a imagen y semejanza de su propia Fuente. Luego aplica la teoría realmente a favor de lo que propone y no al contrario.

Crees que estás en el trapecio y que cuando saltes al columpio de tu hermano no te recogerá y te dejará caer, pues el recuerdo del pasado te habla de que ya sucedió antes, y lo que es peor piensas que si esto ocurre y te caes, no habrá red abajo que te sostenga y podrías morir o en el mejor de los casos salir muy mal parado. Así que con esta perspectiva no ves nunca como saltar y sigues en tu columpio desconfiando de tu hermano, y de Dios. Pero la teoría te dice que tú no puedes morir, nada de lo que tú eres puede peligrar nunca en ningún momento, entonces aplica la teoría a favor de lo que propone y no al contrario.

El ego me dice que al exponer mis sentimientos y descartar el ataque, soy como un ciervo en el punto de mira de un cazador, una presa tan fácil que será irremediable mi captura. Tal es la locura de su sistema de pensamiento que es justo al contrario, pues en la exposición radica mi fortaleza, ya que dejo de defender lo que no es nada, dejo de proteger una identidad que puede ser atacada, agredida, un cuerpo que puede ser abandonado, en soledad, todo lo que valoro hasta ese instante, todo el pasado, de pronto pasa al presente donde las ilusiones no son más que eso, ilusiones. Un salto de fe que descubre la Verdad que permanecía oculta tras los obstáculos que antes parecían gigantes y que al comunicarte sinceramente mi sentir se derriten en la nada que son realmente y dejan el espacio abierto de par en par al Referente interno para transformar la percepción, una autentica práctica de aprendizaje desde la humildad, la honestidad y la confianza.

Las palabras bonitas de amor y espiritualidad mantenían a mi hermano cerca de mí con su cuerpo pero la separación permanecía intacta en la mente porque mi miedo a su desaprobación por hablarle con sinceridad lo usaba para ocultar mi idea de ser algo o alguien determinado que no podía tolerar porque contrastaba con lo que creía que yo era.

Qué contradicción hablar de lo efímero del cuerpo cuando todo mi empeño era retener el cuerpo de mi hermano al lado del mío como si nuestra unión estuviera basada en ello. Pero así se muestra el sistema de pensamiento del ego al descubierto como pura contradicción y locura.

Al expresarte sin miedo te liberé y me liberé al mismo tiempo, al comunicarte mi sentir, mis deseos, mis necesidades… pude darme cuenta de mi propio error, de cómo protegía mi falsa identidad y me separaba de ti. Fue entonces cuando comencé a unirme contigo en verdad, la paradoja puede ser que quizás ahora nuestros cuerpos no estén físicamente compartiendo el mismo espacio o quizás sí quien sabe, pero lo que es seguro es que mi corazón está en paz cuando te recuerdo en mi mente. Puede que el trapecista te recoja en tu salto o puede que no, no saltes en función de su respuesta, sino en el propósito de mejorar tu salto que representa tu aprendizaje, y es que en la misma medida de tu salto aparecerá un receptor adecuado para tu recepción, pues así son los ajustes de la mente en cada nivel para seguir aprendiendo a saltar más y más elevados, más es seguro que siempre hay, hubo y habrá Red, esto es lo único real y por ello tu invulnerabilidad también es real.

Vicente / Caminando al Despertar