La atracción por Dios

LA ATRACCIÓN DE DIOS

 

Nada es comparable a la Atracción por Dios.

No compite con ninguna otra atracción que nos hayamos fabricado, no lo necesita, su seguridad no está basada en su supremacía, sino en la unicidad de su existencia.

Ciertamente, experimentamos atracción por el miedo en cualquiera de sus aspectos, ya sea preocupación, ira, tristeza y sobretodo culpabilidad. Y de otro lado, lo que supuestamente llamamos amor y por tanto la atracción del “amor” es otra forma de miedo encubierta, un amor exclusivo y separado, un amor especial, que necesita del envoltorio atrayente para justificar lo que esconde detrás de él, que no es otra cosa que la culpa.

La atracción por Dios tiene un desenlace tan seguro como paciente, no fuerza su naturalidad en nosotros, pues de lo contrario esto la desvirtuaría y pondría en evidencia una ausencia de certidumbre, equiparándola a cualquier otra atracción y por tanto convirtiéndola en algo falso.

La atracción por Dios es total y segura. Todo un aprendizaje para nosotros, ubicados tan a menudo mentalmente en la inseguridad propia de quienes no tenemos fe en quienes realmente somos, por miedo a perder algo que en verdad no somos ni tiene que ver nada con nuestra Identidad real.

La atracción por nuestra Fuente está permanentemente activa y disponible en la misma medida que nuestra atracción por el miedo va deshaciéndose y permitiendo que ese espacio quede liberado para ser lo que realmente es.

El miedo tratará de convencernos del enorme riesgo que representa para nuestra cordura abandonar nuestra creencia en la identidad individual, la cual se opone a la natural atracción por Dios. Sin embargo es al contrario, la locura es sostener y resistir la creencia en la separación a toda costa. Dudar de nuestra efímera y delirante “cordura” es una saludable acción interna y sin duda un peldaño más en cada ocasión que lo hacemos, que nos permite vivir con menos miedo y más libertad nuestra verdadera naturaleza de sentirnos profunda y dulcemente atraídos por el Amor de Dios.

No hay vacio en el soltar lo pequeño, la mente con minúscula. No duele desapegarse del dolor y el sufrimiento, solo duele si lo alimento como algo realmente capaz de formar parte de mi.

No hay culpa que pueda encubrir eternamente el Amor, no hay miedo que pueda permanecer por siempre como un escudo contra el Padre, nada será en nuestra forma de entender el tiempo, en un futuro, capaz de seguir prevaleciendo, ni siquiera el tiempo, solo el AMOR.

SOMOS ESPIRITU EXPERIMENTANDONOS HUMANO, MAS PARECE QUE SOMOS HUMANOS BUSCANDO LO ESPIRITUAL.

 

Vicente / Caminando al Despertar